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Lector de ómnibus

 

El motor es una orquesta en un pozo.
Hay un diálogo de cátedra: Dédalo
enhebraba caracoles con hormigas
y telas de araña, aprendió
arquitectura de un río, la calle
bacheada y mugrienta, la memoria
de otro mundo me devuelve
al presente reciente, un minuto
de su amable atención,
EL ÍDOLO NOS PIDE
QUE NO LO OLVIDEMOS.

Algo tengo que hacer en medio
de los saltos y cambios de marcha.
Qué ruido de monedas, estos pasajeros
que desandan los mismos paisajes
de un laberinto desapercibido.

UN MAGNATE ENCARGA CONSTRUIR RUINAS.
¿Qué va a ser un mito el Minotauro?
Esas formas se dibujan en el ojo de la mente
con más fuerza que los gatos de este zoo,
más durables que aquel puente oxidado.

Pensar que Ícaro cayó del cielo
delante de mis ojos: las plumas
flotaban en las olas.
Qué tragedia ser hijo de mortal.
Un pasaje lleva tu nombre.
Héroe de la desobediencia.
Permiso. Casi me paso.
Bajo la próxima.

Transporte masivo

 

Maltrechos del trabajo amontonados,
el motor refunfuña, la carrocería vibra,
cada cual con su banda sonora,
el monólogo de radios, diarios, pantallas,
un festival de pungas…
No caben palabras ni miradas,
cuerpos y fantasías, ganados de la histeria,
empujan, se desplazan, deslizan y acomodan
como pueden detrás de tal o quién,
se disculpan, se separan un palmo
entre la masa de codos y espaldas,
traqueteo y vaivén, oleaje espeso,
una maquinaria erótica,
con las aceleradas vienen roces
en paulatina falta de inocencia,
empujones disculpados, refriegas
deliberadas, contacto estrecho,
se entreabre un abrigo, se ofrece
un bulto, choques de cachas,
combustión de los deseos,
caderas al compás, cosquillas y chirridos,
cada quien en su momento toca tierra,
se aprolijan, se alínean,
empujan, se delizan, bajan
con un botín que dura
lo que el calorcito en la intemperie.

Visitas

 

Se mira desde un retrato.
La sombra se rasca la cabeza.

El reloj es una gotera.
Como un suero.

Pintar esa mancha.
Ojos, nariz, mentón.

Quién te pidió que hablés de más,
entendás de más, te vayás por las…

Nadie toca. No hay mensajes.
No te hagás la rata cruel.

Elegiste tomar otro tren,
correr otra suerte,
otra cortina.

Pena que no sepás amar,
hablar solo, pensar en caliente.

Ajustá esa canilla.

Borracho

 

Vaso de vino
en la mano; a la boca,
una botella.

Chiflar

 

los dedos tamborilean
las mismas teclas
las mismas notas

sobre la mesa
el mismo tema
restos de ayer

podrías cambiar la escala
las letras el tono blusero
los cuadros de lugar

había una vez un
hormiguero mental

tararear tararear
y un silbido en la capocha

Confesional

 

Me siento
y transcribo.

El fluído de los días

 

la luna sopla burbujas
uno trota por el aire
se escapa y no le dan las piernas
coge con multitudes o
pisa el fondo del mar
bracea en las sábanas
toca esta orilla
mira el reloj empapado
la vigilia no alcanza y se apura
a comprarse verduras que no hablen
y contar el vuelto sin hachar al comerciante
riega plantas que bailan con el viento
les cuenta su alegría y esperanzas
saluda a los vecinos con la mano
y la cabeza
da por sentado
que esa silla es una silla
flexiona las gambas confiando
en ese caballo cubista
por más que gima va a soportar
a otra criatura servicial el cuerpo
y la arrima a la mesa y come ranas
y charla familiar sobre la India
donde los dioses viven en las vacas
y hasta recuerda sin espanto
el sueño de otra noche
los rápidos de un río de aserrín
sobre un cascarón rumbo a una cascada
y se despierta
alguien
piensa con la boca llena
que el delirio es un laburo
paciente solitario
un sifón le chista que se calle

Oigo voces

 

Escriba las palabras que oye.
Suena Inglés

aló, ¿Registro del Norte? Estoy perdido:
la garganta me dolió por tres días,
hace mucho calor, tengo sed,
seguro me veo terrible de azul,
qué extraña es usted, enfermera Suave,
¿podría arreglarme la rueda de auxilio?
es mi respiración, tenga un cigarro, doctor,
por favor, dígale al director del film
que tengo una queja: amigos
que puedo visitar afuera,
¿cómo pasó? ¿no se acuerda?
la Oficina de Correos es responsable,
la policía no creía que no puedo hacer todo
lo de la casa y alguna pirotecnia malherida:
use sus ojos, si no lo ha hecho, puede renovarlos,
eso soluciona su problema,
puedo tipiar un borrador, y si trabajo hasta tarde,
¿debería visitar la biblioteca?
le escribí pinturas muy valiosas
y un teléfono en cada cuarto
con plumas en él, ropa de cuero,
¿sabe dónde exactamente?
porque hacen cosas tontas,
y el barco en sí es un lujo,
ahora distinga entre pifie y desorden,
colectar y conectar, corazón y arte,
puntilloso y borroso, afecto y efecto,
¿la pasó bien? gire la cabeza
y relájese

Luz y fuerza

 

Hoy experimenté algo que espero comprender en unos días…
El perfecto humano

Te despierta tarde el llamado
de una persona que querés.
Se hizo una prueba positiva.
Respondés con qué incoherencias.

Otra llamada: te piden valor
por frases gancheras para el tríptico
de una cooperativa de seguros.
Un presupuesto y tirar conceptos como…

Almuerzo de chacota y reflexión,
amigos, fugazeta, cervecita,
y otra ducha de surrealismo:
una visita a casa de la abuela.

La señora tiene en la mano un peine,
una cuchara, tres tenedores, y los baraja:
el chinchón del universo.
Que no corten de toque,
y algo se combina.

Bárbara

 

Bety es fantástica en el sentido
de poner en duda lo que damos
por hecho, con el poder de las palabras
vacías de referencia, y porque realiza
presencias fantasmales.

Está atrapada en su casa y su cabeza
juega sucio: se hizo amiga de los vidrios,
y si no reconoce el reflejo,
conversa con lo que hay adentro:

Hola, señora, no sé
si son ustedes o ellos,
uno y uno, uno y dos,
ay dios, ay dios, ay dios,
cuánta tristeza.
¿Dónde está el otro?
¿Vos vas muy largo?
Todo lo que ven lo que llueve,
van a comer a comenzar agua,
se puso todo oscuro,
la nena era para mí,
la cabeza blanca allá, ¿soy yo
o es mi hermana por lo menos?
¿Usted no quiere ir con usted?
¿O voy a ir pelada sola?
Los parientos, ella me camisa bien,
¿está casuda? Tu casa, tu candado,
¿quién lo ponsó? Fiorelito firegido,
mi mamá está terminada,
y va a quedar cerrado esto,
mucha tristeza, uno y uno somos,
vos también, corazoncito,
funtenerse coracito,
tengo muchos años para estar salada,
mi familia está adentro,
¿vos dónde estás vivitando?
Me pegaban y pagaban, usted querida,
uno y uno y uno y uno,
la otra y la otra, ay qué tristeza,
no me voy a ir vencida,
porque a lo último ¿qué?
¿Vos querés algo para qué?

Que el mundo no se apague en silencio.
En la entonación hay diálogo:
“Como pasarse una pelota”.
Bety le toca el hombro a su reflejo.
Sonríe, saluda y la cabeza blanca
deja de ser su hermana: Esa soy yo.

 

Acá se puede ver el video para Bárbara que realizó Daniel Liñares.